sábado, 10 de abril de 2010

Erótico-Geográfico

Me gustaba comparar su cuerpo con la geografía. Me gustaba decirle que su boca era como el oasis en el desierto, que sus pechos eran como montañas que me encantaba escalar. Le decía que bajar por sus pechos a la meseta de su cadera siempre era una aventura y que adentrarme en la selva de su pubis era mi perdición. Mis metáforas siempre me ponían en animo de entrar en acción, pero en ella no tenían el mismo efecto.
Un día se cansó de mis clichés, de mis frases pre-hechas, de mi estúpida verborrea barata. «¿Te gusta recorrer mi geografía?», me gritó en tono sarcástico, «pues puedes ir olvidándote de ella». En ese momento un terremoto con epicentro en su ombligo la empezaba a borrar del mapa.

1 comentario:

carlos de la parra dijo...

Muy ingenioso relato,y con perdón por diferir,el mutis de ella debió ocurrir en"y sus nalgas se alejaron de mí saltando en un terremoto y viéndome fijamente".

Lo del ombligo como que le quitó la fuerza del remate.