lunes, 12 de abril de 2010

Destino

La adivina se equivocó en todo, excepto cuando dijo, «tu destino es claro, veo a los astros alinearse en la palma de tu mano». Y sí, ahí estaban todos representados: el sol, todos sus planetas y un sinnúmero de estrellas esparcidas a lo largo de mi mano.
No tardé en darme cuenta que también las tenía esparcidas en los brazos, en el pecho y en el resto del cuerpo: todo el universo en mi piel.
Pero la adivina se equivocó. Yo no tenía futuro. Yo no encontraría el amor, ni él me encontraría a mí; no me ascenderían en el trabajo; no habría estabilidad en mi vida. Eso me quedó claro ayer, cuando el doctor hizo una predicción más exacta. «Tiene usted un avanzado cáncer en la piel. Le quedan dos meses de vida», dijo.

4 comentarios:

No Comments dijo...

Duro micro, me dejo agrio. Sobretodo porque a veces la vida real es así.

Un saludo indio

Víctor dijo...

Mejor las predicciones científicas que los faroleos de los embaucadores.

Un saludo, Luis.

Jesse Custer dijo...

La realidad a veces es mas dura de lo que estamos dispuesto a aceptar, muchos preferirían quedarse con esa primera opinión, aunque dentro, muy dentro de ellos, supieran que están equivocados. Muy bueno. Un saludo.

Luis Gonzalí dijo...

No comments, siento que la vida en su mayoría es así, agria...

Victor, tu comentario me recordó a una frase de T. S. Elliot: "Dónde está el conocimiento que se perdió con la información, dónde está la sabiduría que se perdió con el conocimiento", ergo, mejor la sabiduría que las predicciones científicas... jeje

Jesse, siento que la primera opinión siempre será la opinión con la que se midan el resto, ya que esta es la primer manifestación de la otredad, es la primer cachetada del otro, esa que dice: "oye, tu opinión no es correcta, aquí hay otra versión del mundo"... La primer opinión es una herida, y muchos no se recuperan de ella...

Saludos!!