martes, 29 de septiembre de 2009

Cuatro grados

A Eliza,
por haber terminado su poemario.




Hay cosas que a la literatura se le escapa. Esas cosas que sólo se entienden a través del silencio y que no son posibles plasmar ni en un cuento, ni en una poesía.
Arreola decía que la poesía es como el alcohol: hay de distintos niveles de pureza. Así, la mejor de las poesías, la que es posible realizar, es la de noventa y seis grados, y no la de cien como se podría pensar. La de cien es la poesía imposible, aquella que al estar en contacto con el lenguaje se degrada, se desvanece; como el alcohol con el aire.
Así, la perfección en cualquier escrito termina siempre por escapar; le faltan esos cuatro grados que, a mi parecer, son los grados que le corresponden al silencio. Y es en este punto cuando el silencio se vuelve un ejercicio de la voluntad del escritor. Ese ejercicio que va desde callar cuando no se tiene nada que decir (el primer grado del silencio), hasta callar cuando se desea gritar con tinta que el alma está ardiendo (el cuarto grado).
Es por eso que a pesar de estar convirtiéndonos en cenizas, guardamos silencio: emitir palabras sería una traición y una degradación a lo que se está sintiendo. Callamos, dejamos que el alma se queme sin control. Después de todo, el alcohol de cien grados arde mejor que el de noventa y seis.

4 comentarios:

MARIA FABIANA CALDERARI dijo...

...silencio...cuando el alma nos invita a sentir...

Al parecer, a todos los blog de letras se les ha antojado cuestionar la escritura. Enhorabuena.
Saludos cordiales

Claudia Sánchez dijo...

Mi respetuoso y admirado silencio.
Saludos!

Nid dijo...

Y hay quien me acusa de decirte todo. De contarlo todo y no dejar nada para el silencio. Prefiero callar lo que sé que sabes.

Brenda dijo...

Me super encantó...No hay mas que decir...