martes, 8 de septiembre de 2009

Claro de luna

Desde la ventana de mi cuarto veo su cuerpo desnudo dibujado en la luna. Intento tocar su recuerdo, pero es inútil: me han dicho que los recuerdos no se pueden tocar. Entonces me recuesto en la cama, y con el papel que me he robado por la tarde, le escribo estas líneas, aunque también me han dicho que no debería escribir más.
Dejo el papel y la pluma y tomo la sombrilla roja. Ellos creen que estoy loco, pero no es así. Salgo a los jardines del hospital y me cubro de la luz de la luna que me pega en el cuerpo, ¿qué para que hago esto? Para que la intensa blancura de su rostro no me dañe nunca más.

2 comentarios:

Brenda dijo...

Que bonito!

Luis Gonzalí dijo...

Graaaaaaaacias... Que bueno que te gusto...