jueves, 28 de mayo de 2009

Jueves por la noche

Él llega a la misma hora de siempre. Se sienta en una orilla de la barra del bar y pide, como cada jueves de los últimos cinco años, un whiskey. Ella siempre llega un poco más tarde y se sienta en el otro extremo de la barra. El cantinero ya sabe que ella tomará gin and tonic, así que se apresura a servirlo.
Durante la primera copa, se voltean a ver furtivamente, como si sólo se quisieran acariciar con la mirada. En la segunda, empiezan a mirarse fijamente, y sonríen. En la tercera, ella se lame los labios mientras él empieza a sudar.
Para la sexta copa, él manda recados lascivos escritos en servilletas que ella contesta con provocaciones e invitaciones sin mucho pudor. Y en la séptima copa el ritual termina.
Él se levanta, va a donde está ella y, poniendo la mano sobre su espalda le dice al oído: «me encantó pasar la noche contigo; no puedo esperar al próximo encuentro». Él se da la vuelta y sale del bar con el saco al hombro, mientras ella sonríe y añora la llegada del siguiente jueves.

2 comentarios:

nosoydelcírculomovivipylalagunaestáapartadaperoquedanotrosescenariosposiblesymenospúblicos dijo...

Suena a algo que bien podría ocurrirme a mí un jueves por la noche dado mi comportamiento con chispas. No voy a reflexionar, pero es probable que admita que el juego de la seducción sea mil veces mejor que el otra vez pan con lo mismo. La sonrisa, el mensaje lascivo, la mirada -como casi todo- son irrepetibles. De allí se deriva el hecho irrefutable de: "tanta gente sale los jueves por la noche y un buen jueves por la noche decide que...hay que destruir los hermosos, hermosísimos por esquivos, jueves por la noche".

lgonzali dijo...

Venga, anónimo de nombre largo y reclamante, la seducción siempre debería estar presente, incluso como guarnición del pan con lo mismo... Debe usted empezar a dejar de frecuentar buffetes, y empezar a pedir a la carta (lo que sea que eso signifique, jaja)