jueves, 23 de abril de 2009

La mujer que amé me ha convertido en un fantasma

Parafraseando a Arreola para mi madre...


Cansado de ser yo el que siempre se tenía que aparecer a mitad de la noche, la desperté: «¿Por qué no te apareces tu también?», le dije. Ella, todavía recostada en la cama, pálida como un reflejo distante, me veía como quien ve a un niño que no comprende nada. Se levantó y acercándose a mi oído, murmuró: «Despiértate mi amor, los fantasmas no sueñan»», y fue entonces que desperté de golpe.
Ella, recostada a mi lado, todavía dormía en la cama, y yo... yo empezaba a desvanecerme.

3 comentarios:

monica dijo...

Lo leí más de tres veces, para asegurarme de que no se me escapara nada. Muy bueno. (Espero no abusar al escribir un comentario, en lugar de una reflexión).

Cecilia dijo...

Los fantasmas no sueñan pero si pueden hacerte soñar... ¡Luiiisss!!!!!!!!!

Es mucho mejor.

Gracias mi amor!!!

lgonzali dijo...

Borges decía que cuando uno sueña es Dios. Y como Dios, uno ya conoce toda la historia, y sólo nos dedicamos a narrarnosla (porque así vivimos, de manera secuencial) mientras dormimos. En el sueño todo está predeterminado, todo está dicho: desde la primera imagen hasta la última.
Uno decide, inconscientemente, que soñar, y si tú no sueñas con fantasmas, es porque no lo necesitas. En ese lugar en donde tú eres Dios, no necesitas crear ciertos seres para que te acompañen, y es porque no te has dado cuenta de que ellos siempre han estado ahí, siempre presentes, sin necesidad de ser creados: en la sonrisa, en la mirada, como cenizas en el pasillo de la casa...

Que bueno que te gustó madre... Te mando un beso...