En estos días algunas palabras vienen como cascadas de agua fresca dejándome un sabor de menta en la boca. Ilona, el germánico para Helena, es una ellas. Por ejemplo, Ilona llega con la lluvia, aunque carente de un sentido profundo, yo creo que es el título más bello que alguien jamás haya escrito. La i en mayúscula seguida de tantas eles: la frase es altiva, es imponente al ojo lector. Luego viene el sonido. La cascada, la lluvia que llega y no se va, la tormenta que deja a Ilona encharcándose en su vocal central, en su vocal de acento escondido, y entonces Ilona se vuelve como el mar.
Hoy supe que será una niña, y hoy decidí que la gente recurrirá al germánico para llamarla, y con un poco de suerte quizás también nazca en un día de lluvia…
Lontananza, lontananza, es otra de las palabras que traen estos días y desde aquí la veo jugar y sonrío, y como la llovizna la veo regándose por el jardín y ahora ella sonríe. Ilona es agua; y aunque sé que debería estar intentando dormir y descansar, el título de Mutis no para de repetirse en mi cabeza. Ilona llega con la lluvia, Ilona llega con la lluvia…
Hoy supe que será una niña, y hoy decidí que la gente recurrirá al germánico para llamarla, y con un poco de suerte quizás también nazca en un día de lluvia…
Lontananza, lontananza, es otra de las palabras que traen estos días y desde aquí la veo jugar y sonrío, y como la llovizna la veo regándose por el jardín y ahora ella sonríe. Ilona es agua; y aunque sé que debería estar intentando dormir y descansar, el título de Mutis no para de repetirse en mi cabeza. Ilona llega con la lluvia, Ilona llega con la lluvia…