viernes 25 de junio de 2010

Ad inversus

Despertó de golpe. Sudaba. Un sabor metálico le llenaba la boca. Se levantó, se miró al espejo y vio un hilo de sangre corriéndole por la comisura del labio. ¡El sueño había sido tan real, tan vívido!
Se lavó la cara y se dirigió al trabajo. Ese día, a pesar de que fue particularmente atareado, no pudo concentrarse. Las imágenes en su cabeza se asemejaban más a un retrato fiel de la realidad que al recuerdo difuso con que se evoca un sueño: la persecución, el aroma de la sangre mezclada con el lodo, los gritos de dolor. Sólo acordarse se le estremecía la piel.
El día fue largo y cansado, y cuando llegó a su casa, lo único que quería era que todo acabara. Quería dormir y, con un poco de suerte, no soñar. Por ello, tan pronto hubo cenado, se dio un baño y se metió a la cama. No tardó mucho en conciliar el sueño, y cuando logró dormirse, el dinosaurio todavía estaba allí.

3 reflexiones:

Víctor dijo...

Me suena este micro. Es un poco internacional, ¿no?

Un abrazo, Luis.

Luis Gonzalí dijo...

Jajaja, un abrazo Víctor...

carlos de la parra dijo...

Ese dinosaurio,ni él mismo imaginó su trascendencia.